miércoles, 25 de junio de 2008

Condenado a ser bueno


Los jueces de la rica e hipertecnológica Corea del Sur, donde es difícil encontrar a un magnate que no haya sido procesado por corrupción, han descubierto una nueva forma para luchar contra esta lacra social: condenar a los acusados a ser buenos. Para ello, sustituyen las penas de prisión por otras sentencias más constructivas, pero más indulgentes.
Eso es lo que le ha ocurrido al presidente de la multinacional surcoreana Hyundai Motor, Chung Mong-koo, condenado a tres años de cárcel por desviar ilegalmente fondos de su empresa y apropiarse indebidamente de acciones. A pesar de la gravedad de los cargos, suficientemente serios como para pasar una temporada a la sombra, las autoridades judiciales le eximieron de ir a la «trena» a cambio de 300 horas de servicios para la comunidad.
Un acuerdo que beneficiaba al empresario, por muchas papeleras que tuviera que limpiar para saldar su cuenta con la Justicia. Por si fuera poco, sus peores temores se disiparon cuando, la semana pasada, empezó a cumplir condena en un centro católico de Eumseong, al sur de Seúl, donde se atiende a niños necesitados.
Mucha práctica
«Tengo once nietos en casa, así que les trataré como si fueran de mi familia», explicó ayer Chung Mong-koo mientras alimentaba a un bebé con un biberón. Ataviado con un mandil amarillo donde se podía leer «Os queremos» (escrito en coreano), el presidente de Hyundai Motor se ha aprovechado de la falta de dureza judicial en su país.
Según la agencia surcoreana de noticias Yonhap, Chung Mong-koo llevará a cabo tales tareas sociales tres días a la semana, por lo que se trasladará a otro centro caritativo cuando termine de limpiar los cuartos de los niños el jueves.
Cambiar tres años de cárcel por 300 horas de servicios sociales puede sonar disparatado en cualquier país, pero no es la primera vez que los jueces se muestran tan blandos con la corrupción que reina en este «tigre asiático». En febrero de 2007, 434 condenados por delitos económicos, de los que 160 eran empresarios de alto nivel y 223 se dedicaban a la política, fueron amnistiados en medio de una gran polémica. Entre ellos, destacaban varios magnates y hasta hijos de ex presidentes, pero el Gobierno argumentó que su liberación relanzaría la economía.
Curioso método para elevar el PIB en este país, la undécima potencia económica del planeta, y un claro ejemplo de que los jueces que combaten la corrupción han hecho suyo aquello de «si no puedes con tu enemigo, únete a él».